martes, 14 de junio de 2011




La rodeaba ese halo de misterio que caracteriza a las personas sofisticadas. Elegancia debía de ser su segundo nombre, pensé, pues incluso vestida con harapos sería todavía como una lección de buen gusto. Era tan perfecta que lo único que podías hacer al conocerla era admirarla, jamás nadie podría atreverse siquiera a imaginar hacerle competencia. Nadie podía tampoco hacerse a la idea de poseer a un ser como aquel, era algo tan puro que debería ser compartido por todos.

Su voz, la sinfonía más bella. Su cuerpo, debería ser considerado una de las maravillas del mundo. ¿Sus ojos? Dicen que los ojos son el espejo del alma… pues me apuesto cualquier cosa a que no había un espejo mejor.

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