domingo, 30 de enero de 2011

Dejaba atrás la civilización. Cada curva que daba suponía estar un poquito más lejos del mundo real. Suspiré mientras arrojaba la colilla de mi cigarrillo por la ventana, hacía la maraña de plantas que había a ambos lados de la carretera. Miré la hora en el salpicadero del lujoso coche que conducía. Eran tan solo las 6 y media de la tarde, pero ya se había hecho de noche. Por fin llegué al destino. Reconocía a la perfección aquella casa.

Aparqué sin dificultad y me apeé del coche. Hacía mucho frío, lo noté justo en el instante en el que cerraba la puerta del coche que emitió un ruido sordo.
Comencé a andar alrededor de la casa. Había una especie de silencio, solamente interrumpido por el aullido de un perro de una casa lejana.
Bien, allí estaba otra vez. No sabía exactamente que me había impulsado a hacer aquel viajecito. Era algo así como volver a mis raíces, por así decirlo. Volver a un lugar que había tenido una considerable importancia en mi infancia, dejada atrás hacía no tanto tiempo como creía.

Mi vida había cambiado mucho, reflexioné mientras abría la portilla que me llevaba al extenso prado de la finca. La portilla chirrió, y me di cuenta de que alguien había estado allí no hacía mucho tiempo, pues había una especie de sendero, como si hubiera sido con pies, en la hierba que crecía salvajemente. Seguramente había sido algún pescador que pretendía ir a la orilla del río que había al final del prado.
Cuando me di cuenta mis pasos me habían conducido justo al medio de aquel descuidado terreno. Estaba absorta en mis pensamientos cuando de repente me fijé en que alguien me observaba desde una de las ventanas de la casa.

El corazón me dio un vuelco. Era imposible que hubiera alguien allí. Yo había heredado aquella casa y jamás me había preocupado en buscarle habitantes interesandos en alquilarla.
Intenté distinguir de nuevo aquella silueta, pero sin embargo había desaparecido.

¿Debía entrar en la casa para comprobar que habían sido imaginaciones mías y todo estaba bien? Palpé la llave que guardaba en el bolsillo de mis vaqueros, y a grandes pasos pero sin llegar a correr me dirigí a la puerta de la casa. Sin embargo no tuve el valor suficiente para entrar, y decidí que sería mejor regresar al coche.

Caminé nerviosamente y cuando llegué a la carretera un trueno interrumpió el silencio. Sentí un escalofrío cuando la lluvia comenzó a empaparme. Me metí corriendo en el coche, todavía algo asustada y antes de irme le eché un vistazo de nuevo a la casa. Nadie me observaba esta vez, pero hasta que la casa no desapareció del retrovisor no dejaba de sentir aquella extraña sensación de alguien me vigilaba.






Bueno, si alguien se ha tomado la molestia de leer esta pequeña historia que me de su opinón, porque estoy tratando de continuarla. ^^

3 comentarios:

  1. Es fantástica! La manera de describir se parece muchísimo a los libros que suelo leer, por eso quizás me guste tanto, pero aun así, me ha encantado.
    Sería genial que continuaras escribiendola! Y si lo haces estaría encantada de que de alguna forma me avisaras :)

    Te dejo mi blog por si te apetece visitarlo, un beso ^^
    http://decembersmile95.blogspot.com/

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  2. Continuala porque es genial de verdad :)

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