jueves, 5 de agosto de 2010

La fiesta ha acabado ya.

Por fin has conseguido echar de la casa a los últimos rezagados. Después de registrar toda la casa para asegurarte de que estas a solas vas al baño. Miras directamente a los ojos a la imagen que se refleja en el espejo. Tú plan inicial era quitarte el maquillaje, pero no te sientes capaz y te sientas en el suelo, hundiendo la cabeza entre las rodillas, te frotas los ojos con los dedos y eso hace que tu aspecto parezca aún más patético.

Ya se ha acabado la diversión, se te esta pasando el efecto de las drogas y solo te queda luchar contra tu agobiante resaca. Ahora que ya no sientes la presión de la gente ni hay música de fondo ni voces que gritan piensas detalladamente en todo lo que ha ocurrido y, al final, llegas a la conclusión de que quizás no lo has pasado tan bien. Te han robado besos muchos chicos, algunos a los que apenas conoces, pero el que a ti te interesa ni siquiera te ha mirado. Tragas saliva, te han robado más que simples besos, has aprovechado que ese fin de semana la dueña de la casa eres tú, y tú pones las reglas. Tus amigas se han desmadrado y apenas te han hecho caso, solo les importaba beber y fumar, ahora que podían hacerlo con tranquilidad, porque nadie las veía.

Poco a poco tus párpados te pesan y no puedes mantenerte despierta. La casa esta echa un desastre, pero ahora eso no importa, mañana lo limpiarás antes de que lleguen papá y mamá. El lunes, cuando la gente hablé de la fiesta sonreirás y dirás:
-Ha sido genial. Haremos otra pronto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario