jueves, 29 de julio de 2010

Apartó las cortinas y abrió la ventana del dormitorio. Mientras bostezaba miró el jardín y por un momento deseó que hubiera alguien allí abajo, con una flor en una mano y una sonrisa en la cara, esperándola para decirle buenos días y regalarle un abrazo.
Cerró los ojos, con la esperanza de que al volver a abrirlos su deseo se habría echo realidad. Sin embargo no fue así. Se encogió de hombros y cerró con fuerza la persiana. Quizás otro día.

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