viernes, 18 de junio de 2010

Lo único que echaré de menos serán las tardes de los martes. Las deciliciosas tardes de piano. Esas melodías con las que lo decía todo, sin falta de palabras. Notar la yema de los dedos recorrer las teclas. Armonía total en mi ser. El ritmo inundando mi mente. Mi espíritu y mi alma en cada canción.
Y el olor de la casa de la vieja profesora, menta. Siempre hacía calor allí. Al final de cada clase un caramelo de fresa y nata y a casa, a ensayar la nueva lección. Meriendas de corcheas, blancas, negras, fusas y redondas. Envolventes pentagramas....




Hay vicios que es mejor no dejar. El piano es uno de ellos.

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