domingo, 2 de mayo de 2010

Y es en ese momento de incertidumbre cuando recurro a ti. Casi desesperada por verte, necesitando tu hombro para llorar, tus brazos para protegerme y tu sonrisa para darme ánimos.
Luego vienen los autoreproches que me hago en mi habitación, cuando nadie me ve. Pero sé que siempre recurriré a ti, aunque luego este aún peor lor haberlo hecho, porque sé de sobra que en ese momento de temor y melancolía solo puedo contar contigo para aliviarme.
Eres esa droga, imposible de dejar ya, de la que seré toda la vida adicta.

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