domingo, 9 de mayo de 2010

Jamás volveré a desear que la clase de matemáticas acabe pronto para ir al recreo. Ya no sentiré nunca más esa extraña emoción previa al salir de clase los viernes, saboreando ya el fin de semana. Tampoco volveré a pisar aquel portal, el número 11, ni volveré a dormir en mi vieja habitación, la que daba al patio con paredes blancas. Ni volveré a vivir aquel verano tan extraño pero feliz del 2003....ni rl del 2007... Jamás volverán aquellos jueves ni aquellos martes de "estudio". Ni aquellas tardes en familia. Ni los sábados escuchando los Beatles antes de cenar una suculenta hamburguesa de carne. Hace tiempo que mi amiga, la rockera, no me llama y no sé nada de ella, también echo de menos las tardes en su compañía, riéndonos como siempre del mundo. Ya solo quedan recuerdos vagos de aquel concierto que tanto tiempo esperé, y que por fin llego conviertiéndose en algo mágico e inolvidable, tan especial como mi primer beso. Tampoco las puestas de sol tumbada en la hierba, ni las partidas de cartas en la playa, sintiendo como la arena se cuela entre los dedos de mis pies. Ya no habrá nunca más tardes en familia ni clases de piano en el viejo apartamento. Ójala pudiera volver a recorrer aquellas calles que ahora están perdidas, lejos de mi alcance. Ya no volveré a pasarmelo bien jugando con mi hermano a juegos inventados. Ya no me emocionaré con aquel libro ni con aquella película, ya conozco de sobra el final que he visto más de mil veces. No volverán los que se han ido. Ni las noches que pasaba mirando las estrellas por la ventana. Ni aquellas otras tardes en aquel bar, la compañía no es la misma, las cosas han cambiado. También ha cambiado el curso de mi vida, ya no veo el camino marcado, ya nadie me deja piedras ni migas de pan para que no me pierda, ahora soy yo la que tengo que tomar decisiones y resolver problemas cada vez más complicados.

He escrito este texto sin estar realmente segura de que es lo que se supone que quiero transmitir. Por una parte el miedo a crecer, de hecho creo que padezco un poco de síndrome de Peter Pan, el miedo a madurar y olvidarme de muchas cosas. Pero creo que en realidad tan solo se trata de algo más simple: la nostálgia. De nuevo ella. Siempre presente en mi vida. A veces tengo la impresión de que ya nada bueno merece la pena últimamente, que he dejado lo mejor atrás, y me es casi imposible imaginar algo que me pueda satisfacer tanto como esos pequeños detalles y esos momentos que he dejado atrás y que no se repetirán jamás. Todos los días pienso "da igual, ya no va a ser lo mismo que antes". Y es bastante triste, patético, tonto... llámalo como quieras, pero así me siento día a día.

Sí, lo sé, soy inaguantable...

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