martes, 25 de mayo de 2010

Era un normal y caluroso viernes de mayo, atardecía. No había otra cosa mejor que hacer que sentarse en la calle, junto al bar, mientras fumabas unos pitillos y bebías una cerveza, despreocupándose de los problemas de la semana. Era hora de desconectar, dar la bienvenida al fin de semana.

Estaba sentada con las piernas cruzadas, con un viejo conocido a mi lado. Charlando sobre nada y todo. Recordando los viejos tiempos, hablando del futuro. Con un suculento vaso helado en la mano, un cigarrillo en la otra, echando humo por la boca. Saludando a todos los

Entonces apareció él. Y dejó de ser un viernes normal. Fue el viernes en el que le conocí, quedará para la posteridad. En realidad ya le conocía, de vista, pero creo que no me había fijado lo suficientemente en él, todavía no había odio su voz. Aún recuerdo la ropa que llevaba y sus bromas. Incluso su olor.
Nada sería igual a partir de entonces. Supongo que ya podré ser irónica ni reirme de la gente que habla de amor a primera vista.

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