sábado, 17 de abril de 2010

Tardes de sol, en aquella colina, tumbados en la hierba mirando las nubes mientras nuestras risas flotan en el aire. Con una cerveza en la mano y un cigarrillo en la otra y al lado de una guitarra. Sintiendo tus pies desclazos sobre la tierra. Con los amigos de toda la vida y con las preocupaciones y problemas olvidados momentáneamente, como si el río que se oye a lo lejós se los llevara en su cauce muy muy lejos. Sin saber que día es y sin ningún reloj cerca.

Eso, amigos míos, es el paraíso.

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