viernes, 19 de febrero de 2010

Ya nada es lo mismo sin él...

Nicolás era un chico diferente. Tenía aires de roquero, con sus gafas de sol, sus vaqueros ajustados, su pelo largo y su inseparable chupa de cuero. Se movía con elegancia, como un felino en la oscuridad. Con su cigarrillo en la boca y su sonrisa seductora atría a más de una jovencita, sin embargo el corazón de mi amigo tenía dueña, una chica llamada Victoria, igual de elegante y bohemia que él.

Mi amigo era inteligente. Con sus modales refinados podía hablar durante horas sobre cualquier tema relativo al arte, arquitectura, mecánica, música, geografía, ciencia, historia... Era un chico, culto, quedaban pocos como él por allí.

La gente murmuraba que era un engreído y un intelectual rarito, pero cuando le conocían todos le adoraban. Sí, puede que fuera raro, pero nos gustaba. Estoy segura de que todos pondríamos la mano en el fuego por él.

Los sábados solía beber cerveza, y algún que otro whisky cuando su chica no le prestaba atención. Eso ocurría en muy pocas ocasiones, siempre estaban juntos. Era asombroso verles, se podía palpar aquella conexión y aquella fascinación que se producían mutuamente. No sé, no he reflexionado mucho sobre el amor, pero cada vez que lo he intentado siempre se me viene a la mente aquella imagen de Nico y Vic de la mano, sonriéndose tiernamente e intercambiando miradas de compresión.

Era un amigo ejemplar. Nicolás siempre me tendía la mano, y tenía una especie de talento para saber cuando debía hablarme para darme un buen consejo o cuando simplemente necesitaba un gran abrazo.
Discutiamos a menudo sobre música, él siempre se inclinaba más hacía los 60 y yo a los 70. Era nuestra forma de pasarnoslo bien, siempre sentados en la acera, en frente de nuestro bar favorito. La gente nos miraba de forma extraña al pasar.


Echaré de menos aquella pícara sonrisa cuando me gastaba una broma. Y las rimas que escribía, tratando de imitar a sus adorados poertas muertos. Y extrañaré el brillo en sus ojos cada vez que hablaba de aquellos heroicos caballeros que morían por causas nobles o justas. O aquella manera tan peculiar y elegante de bailar que tenía, chasqueando los dedos a la vez que marcaba el ritmo con su pie izquierdo. También añoraré su guitarra, aquellas tardes en las que miraba ensimismada como sus dedos recorrían una y otra vez las cuerdas, tocandolas con inmensa dulzura cuando estaba contento o con apasionada ira cuando estaba enfadado.
Y sobretodo, las noches mirando las estrellas. Hablando de sueños y cosas sin sentido, cantando canciones inventadas y narrando historias disparatadas.

Cada instante a su lado había sido único. Sin embargo todo tiene su fin.

Nicolás se fue. No sé si lo he aceptado o no. Sigo recordándolo todos los días, y sobre todo, sigo creyendo que él no debería haberse ido, aunque su partida fuera voluntaria. Por primera vez había algo en lo que no estaba deacuerdo con él. No se dió cuenta de que me dejaba sola, pero no puedo culparle, un poeta bohemio y roquero no es alguien fácil de retener a tu lado, por supuesto... Yo no he dicho lo contrario.







...sin embargo echarte de menos es algo irremediable.












Sí, se me da mal acabar textos!

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