sábado, 27 de febrero de 2010


Os juro que no tenía miedo al ciclón, allí, en el calor de su abrazo.
Caían gotas de lluvia, y a la vez un sol abrasador nos cegaba, luego ante nosotros apareció un precioso arco iris.
Qué más, a tu lado lo demás se convierte en pequeños e insignificantes detalles a los que no presto atención.

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