martes, 9 de febrero de 2010


Era consciente de que el final había llegado. Siempre había sabido que aquel día tenía que llegar, por muy lejano que me pareciera al principio.
Aún así era doloroso, más de lo que había imaginado.

El propio tiempo parecía avisarme, los días empezaban a menguar y el caluroso verano iba a dar paso poco a poco al otoño. Vuelta a la rutina.

Vi como llenaba de nuevo su maleta, con las pocas pertenencias que había traido... sin embargo note algo más entre aquellos objetos... allí estaba aquella tira de fotos que nos habíamos echo el día anterior en el fotomatón, como despedida.

-Creo que ya esta todo - dijo, mirandome.
Asentí y me levanté de la cama. Mientras nos dirigiamos al coche no puede dejar de pensar que el todavía me faltaban cosas por hacer, cosas que decir.

Cuando llegamos junto al viejo auto donde su amigo le esperaba ya al volante dije, armandome de valor:
-Te... echaré de menos.
Aquellas palabras habían sido díficiles, pero todavía quedaban otras dos más complicadas, las cuales no sabía si sería capaz de decir.
-Y yo a ti - sonrió. Supongo que era extraño oirme decir aquello, nunca demostraba lo que sentía y mucho menos a él, aquel chico con el que no había empezado con muy buen pie.

-Venga tortolitos, no tenemos todo el día - nos llamó la atención el conductor del coche.
-Creo que tiene razón... Solamente quería preguntarte que... ¿te gustaría intertarlo?
-¿Intentarlo? - pregunté.
-Sí... respecto a lo que hablamos ayer. Me gustaría intentarlo. Creo que lo nuestro podría llegar a algo más. Sabes que puedo volver aquí dentro de dos meses. Y si volviera me quedaría para quedarme.
No pude responder... Incómodo el prosiguió:
-Piensalo... Si durante estos próximos dos meses lo piensas y crees que funcionará, me echas de menos y esas cosas... Pues volveré. Estaré dispuesto, porque como ya he dicho creo que merece la pena... por ti.

De nuevo aquel estúpido silencio por mi parte, sin embargo esta vez lo rompió la bocina de coche, su amigo se impacientaba.

Se acercó a mi, con determinación e hizo lo que yo no me atrevía a hacer: me abrazó y me beso. No pude por menos que entregarme a aquel abrazo, pero cuando el me susurró un "te quiero" al oído no dije nada, simplemente me separé de él y dije:
-Buen viaje.
El asintió y se metió en el coche, que arrancó y comenzó a alejarse, formando una nube de polvo en aquella desierta carretera. Entonces comencé a llorar.

Del llanto pasé a la desesperación... ¿cómo demonios era tan idiota?

Ahora ya era tarde...¡pero tenía que hacer algo! Me fui corriendo a casa, y con gran nerviosismo busqué en todos los cajones hasta que encontré aquel trozo de papel amarillento con aquellos números.

Cogí mi teléfono móvil y salí de nuevo a la carretera. Marqué el número rápidamente y cada segundo entonces fue como una puñalada. Cuando creía que no iba a contestar oí de nuevo su voz, con el sonido del motor de fondo.
-¿Sí?
-Soy yo...
Reconoció mi voz al instante y preguntó, preocupado:
-¿Qué ocurre?
-Sí. Quiero que vuelvas, y te echaré muchísimo de menos, hace apenas diez minutos que te has ido y ya estoy deseando volver a verte.
Me di cuenta de que estaba llorando, pero de alivio.
-Tranquila... -dijo. Noté en su tono de voz que estaba contento de oirme decir aquello, pero yo aún no había acabado.
-¡Te quiero! - dije, casi gritando.
-Yo también, cariño.
-Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero... Siento no habertelo dicho antes y no haber demostrado lo que sentía, pero te prometo que esto va a cambiar...
-Lo sé, lo sé... - me tranquilizó - pronto estaremos juntos de nuevo.


No era lo mismo decirlo por teléfono, pero dentro de dos meses se lo podría decir cara y cara...y haría la cosas bien. Porque le quería.

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