domingo, 10 de enero de 2010

Anoche tuve un sueño muy extraño.

Estaba tumbada en la hierba, sintiendo como el sol calentaba mi cuerpo, cuando de repente oí a alguien gritar.
Me incorporé rápidamente y vi que llevaba puestas mis viejas zapatillas de deportes amarillas. Era curioso, juraría haberlas tirado hace ya mucho tiempo. Sin embargo no le di importancia a este detalle y me puse a correr en dirección a la casa que de repente había aparecido ante mi, como por arte de magia.

Corría muy rápido, me sorprendió ser tan ligera. A medida que me iba acercando me di cuenta de que conocía aquella casa. Era la casa donde mi familia pasaba los veranos hasta que hacía varios años la habían vendido, puesto que nos traía muy malos recuerdos.

Cuando llegé a la cerca de la casa la salte sin dudar, como hacía siempre, algo que desagradaba profundamente a mi padre, porque siempre me decía que había una puerta para entrar sin necesidad de saltar como un caballo la valla.

La cerca había sido blanca cuando se construyó, sin embargo se volvió de color amarillento con el tiempo, ya no estaba mi madre para pintarla de nuevo.

Mi madre... La recordaba con claridad, veía su imagen claramente,fue como si de repente su aroma me inundase y sintiese su calor. Pero sabía que aquello no podía ser posible, estaba muerta y enterrada. Lo sabía. Lo tenía de sobra aceptado.

Cuando salté me paré en seco a coger aliento. Miré a mi alrededor y traté de buscar con la mirada el lugar de la casa de donde procedía aquel grito que había oído cuando estaba tumbada en la hierba.

Entonces volví a oir aquel grito y reconocí la voz. Era mi hermano mayor quien gritaba.

...y fue cuando me acordé de todo, de golpe.

Sabía de sobra que día era. Recordaba aquello.

El grito procedía de la parte trasera de la casa, donde estaba la piscina. Comencé a andar con paso vacilante a la esquina de la casa, a sabiendas de lo que me iba a encontrar.

Y en efecto.

Allí, junto a la piscina mi hermano, con tan solo once años estaba junto a la piscina, mirando con horror como mi madre se ahogaba, sin poder ayudarla.

Mi madre. Tenía que ayudarla.

Me acerqué a la piscina diciendóle a mi hermano:
-Tranquilo, voy a intentar sacarla.

Sin embargo este parecía que no me veía, como si yo fuese invisible.

Sin embargo había algo, como un imán que no me dejaba entrar en la piscina, así que, resignada solo pude quedarme viendo como mi madre moría ante mis ojos. Otra vez.

Mi hermano chillaba, y de repente a su llanto se le unió otro diferente. Sabía de sobra de quien era.
Mi propio llanto.

Miré en dirección a la manta donde mi padres solían ponerme cuando era pequeña para que jugase en el jardín. Y allí estaba yo. O al menos mi yo pasado.
Lloraba con amargura. A pesar de que aquello había ocurrido cuando tan solo tenía tres años lo recordaba con mucha claridad. Era algo así como mi primer recuerdo.

Entonces salió mi padre. Vi su cara de horror cuando comprendió lo que había ocurrido. Y su cara, con un dolor indescriptible al darse cuenta de que ya era demasiado tarde para ayudar a mi madre. Él, al igual que mi hermano, tampoco pareció verme. Entendí que yo era una especie de fantasma silencioso que solo podía observar sin poder intervenir.

Cogió a mi hermano en brazos y le abrazó. Luego nos llevó a casa, y allí llamó a la policia.



Fue ahí cuando me desperté.


No estaba triste. Como ya dije antes tenía la muerte de mi madre superada, puesto que no recordaba apenas nada de ella.

Pero volvieron a apoderarse de mi aquellas incógnitas que te haces tras la muerte de alguien... ¿por qué mi hermano había sido tan cobarde e incapaz de ayudarla? ¿por qué mi padre había tardado en oirnos? Quizás se hubiese podido evitar aquello...

Sin embargo, estaba demasiado cansada para seguir con aquellas preguntas me volví a dormir...

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