jueves, 12 de noviembre de 2009

París



A veces, en situaciones como esta, lo único que deseo es estar en París... ¿por qué? Porque en París nada puede ir mal.
Pasear junto al Sena, sintiendo como Notre Dame observa la brisa que te alborota el cabello y oyendo el agua correr llevando consigo todos tus problemas lejos, muy lejos.
Disfrutar de la vida, mientras recorres los Campos Eliseos y el Arco del Triunfo te guía, quizás a las calles más salvajes y apasionadas de la ciudad en el barrio rojo, Pigalle.
Contemplar la Defense, imponente que parece advertir que París no es simplemente una ciudad más.
O perderse en las colinas de Montmartre, perdiendo la noción del tiempo y con una vaga sensación de que nada es real y que no somos nada más que un puñado de pequeñas luces insignificantes que se apagaran de un momento a otro para dejar paso a otras luces que también se apagaran... Sin embargo París seguirá ahí para acoger a todas las luces... porque es la ciudad de la luz, ¿no?
También he oido que París es la ciudad del amor... y creo que es cierto, pues por más que me esfuerce no consigo imaginarme un escenario más romántico y perfecto que los Campos de Marte, con la Torre Eiffel siendo testigo de un beso que no se olvidará nunca.
Sí, deseo perderme de nuevo por las calles de París, sintiendo que aunque sea una luz que se va a apagar voy a intentar permancer encendida el máximo tiempo posible.


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